Ricardo Gabriel Cipagauta Gómez

Vamos en 25 agitados días del año y ya empiezan a verse cómo serán los 340 que nos restan, y en especial a los que cierran su cuatrienio frente a alcaldías y gobernaciones, pero que a la vez son los días que debemos ir sopesando para definir nuestro entorno, desarrollo y acciones para los 4 que vienen. Con sapiencia y sin fiebres alborotadas. Con cabeza reflexiva.

Por ello es que vale la ocasión pregonar sobre uno de los temas que han puesto en la agenda,  que puede estar siendo protagonista y hasta determinante… Valiosos sus aportes y aquí vamos:

-Publicidad-

Que la calle o la plaza pública no reemplazan la “majestad del Congreso”, dentro de una democracia, pero con estos cambios, ni majestad, ni Congreso, ni personajes, ni cambios, o los que ya se anuncian, pasados 5 meses de administración, y es que van a ser convulsionados,  y van a marcar las elecciones regionales y con muchas consecuencias, para todos.

Que la versatilidad del dólar ahora es por el eco de los anuncios, titulares o medidas del gobierno y resulta que es parte de la acomodación de las “placas tectónicas” del mundo… y consecuencia de no haber sido responsables con asumir los retos y necesidades, que ahora todo lo hacen “pagando” para salir momentáneamente del problema y seguir con el mismo.

Que es que debemos hacer o copiar lo que en la “vecindad del Chavo” o para no desentonar en lo que pasa allende las fronteras, pero que para otras cosas si somos únicos, exclusivos, y no miramos que estamos siendo superados por dejar pasar oportunidades, no abrir espacios y cerrar las puertas, a punta de jugadas disonantes y muy lamentables a futuro.

Que queremos imponerle al mundo una serie de palabrejas, condiciones o políticas, que ni los más atrevidos se arriesgan a ser tan lambones con 5 o 6 que se ufanan de ser “poderosos”.

Que muchos de los funcionarios de las entidades públicas no se actualizan o preparan para asumir los retos del servicio, pero que nadie diga nada porque son ataques, ultrajes, no tener en cuenta las nuevas políticas incluyentes.

Que ahora si hay que escuchar y reunir a la voces de las comunidades, para diseñar los ejes del desarrollo, cuando siempre se ha hecho pero hemos sido burlados con mentiras, jugarretas debajo de las mesa (de trabajo) y hasta en socializaciones amañadas, para llenar planillas de asistencia y fotos para las “egotecas” o figurar; y de ahí no se cumple con los acuerdos.

Que ahora si es cuando se van a poner oídos y recursos a las necesidades que otros nunca atendieron, pero ellos hacían parte de los otros… entonces mea culpa o caballito de batallas.

Que la cita es en la calle, pues así eran las épocas de no poseer escenarios, salones, auditorios, universidades, espacios y hasta tarimas, pero en el siglo 21 existe, amplias y modernas, los para dialogar, consensuar, acordar y firmar (no en agua) lo pactado.

Que las calles son para circular… incluidas las ideas, propuestas, matices y convergencias, pero no para imponerlas, pues sus direcciones o nomenclaturas ya de por sí señalan su rumbo, y se complementan con las aceras o andenes, separadores, sitios de parqueo y otros que deberán ser utilizados bajo normas y compromisos, para ser normar de cumplimiento de todos,  con deberes y derechos, que por debajo (o al aire) están los servicios públicos, con los recursos naturales, con los prioritarios, con los que sobrevivimos, con los que convivimos,  y que a sus vez son los que nos dan igualdad de condiciones para ser ciudadanos, no lo olvidemos…

El historiador francés Maurice Garden ha propuesto considerar la calle como «donde se expone el poder y se expresan los contrapoderes»… ojalá sea para en todo momento, no por populismo, o para determinadas y muy estudiadas estrategias, que podrían estar dando al traste con generaciones que confiaron en sus nuevos cambios.

Que  no suben las tarifas de los peajes y otros servicios, pero se corre el riego de que nos las apliquen (o de seguro tengamos que pagar) a todos, pues la chequera no es tan flexible para dejar de hacer ejercicios de búsqueda de alternativas con los recursos naturales, para dedicarse a jugar con lo que ya es una fortaleza, llamada democracia.

Se podrán llenar las calles y plazas, pero seamos muy precavidos en lo que pueda resultar de no manejar los factores externos, que se saciarán de tamaño hueco que hemos venido taladrando a punta de inconsistencias; que de verdad la calle sea escuchada -con seguridad- y sus actores no sean inferiores a convocar o invitar por salir del paso y hasta intimidar.

Por akzfw

Deja una respuesta