Al Majestuoso e inmarcesible Colboy


Un recuerdo del paso por sus secciones y la huella en el corazón de una exalumna.

Como si fueran pocos los días que han pasado, recuerdo gratamente la ansiosa llegada a lo que por 12 años sería mi segundo hogar. El entusiasmo, preparación y calidez humana fueron protagonistas en el recibimiento y perduraron por los días siguientes junto a divertidos cantos, risas, juegos y aprendizajes significativos en la acogedora “Cabañita”.

Del Claustro de San Agustín y su nutrida historia estoy segura muchos fuimos cautivados. Fue allí donde gracias a las provechosas visitas a la biblioteca Patiño Rosselly nació mi interés por la historia y unas ansias de liderazgo hasta hoy imparables.  Al llegar a la Londoño Barajas la naturaleza se convirtió en nuestro espacio favorito, no bastaba tomar las onces, jugar, entrenar, sino que también suplicábamos a los docentes hacer clases al aire libre para respirar aire puro, decíamos. En sus aulas aprendimos la canción Soy Boyacense de Pura Raza, que en mí y seguramente en muchos incentivó el conocimiento, apropiación y admiración por la boyacensidad.

Y llegando ya a la mansión colonial del S. XVII, la José Ignacio de Márquez, en la que aquella rebeldía y ansias de una incomprensible libertad, naturales de la adolescencia no daban espera debo confesar que, aunque es difícil escoger entre tanta excelencia, los más maravillosos docentes los tuve allí.

Fueron alrededor de 10 años en los cuales soñamos con pisar el escalón más alto y entrar al «Alma mater» de la cultura tunjana, la gran Francisco de Paula Santander que invade de orgullo los corazones y reafirma nuestro sentido de pertenencia y grato compromiso. Recibir allí la última pincelada y ver cada día más cerca la puerta hacia un nuevo camino causa un encuentro inexplicable de emociones, miramos hacia atrás para recordar nuestro paso por cada suelo Colboy, su himno cantado con fervor en compañía a la majestuosa interpretación de la escuela de música, cada bandera izada con altura, uno a uno los cumpleaños celebrados con decoro, los amigos, los no tan amigos, los aprendizajes, travesuras, risas y tristezas que con sabiduría forjaron nuestro ser, la entrega de cada maestro, coordinador y rector, el primer saludo del día en la portería, el penetrante pero adorado frío matutino, son entre otras muchas enriquecedoras experiencias que acompañaron este camino y nos acompañarán la vida entera.

Hoy, aunque sin haber transcurrido un largo tiempo, extraño sus patios, sus aulas y su calor, pero me siento preparada para enfrentar con valor este nuevo camino de formación profesional desde el que orgullosa siempre buscaré su honra y perfección.

¡Oh Glorioso que me permitiste entre tus brazos formar mi alma, entendimiento y corazón, tuyos han sido mis logros y tuyos siempre serán todos los triunfos venideros!

Angie Valeria Ávila Herrera
Promoción 2021 Colegio de Boyacá

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